De armas tomar Dicen que cuando encontraron
los casi 800 mil dólares en la maleta que cargaba, Guido
Alejandro Antonini Wilson intentó desligarse rápidamente
del problema. Dejó muy claro que el dinero no le pertenecía,
se calificó a sí mismo como "un soldado" aunque
sin mencionar a su general y, al cabo de tres días, se
fue a Montevideo, sin reclamar ni un dólar.
En esa madrugada de sobresalto, Antonini mencionó la
palabra "soldado" en su acepción de mensajero, intermediario,
alguien que sólo cumple órdenes. Pero ese concepto
usado, "soldado", también hace referencia colateral a
las armas. Y personajes cercanos al llamado "hombre de la
maleta", tendrían que ver con ellas.
Antonini Wilson es un individuo multifacético. Su perfil
básico es el de empresario venezolano-estadounidense,
de 46 años, con residencia en el bulevar Crandon de Key
Biscaine, en Miami y cuatro compañías registradas
en Florida (Global Ads Corp, Techmilk Inc, Foxdelta Investment
Inc. y Venus Supply Inc.). Eso no lo es todo. También
se ha identificado como asesor de los más altos funcionarios
de Venoco, compañía petroquímica cliente de
Pdvsa; informaciones de prensa argentinas y uruguayas lo han
señalado como supuesto asesor de la Gobernación
de Cojedes en compras de viviendas y es, además, un fanático
de las carreras de automóviles a alta velocidad, pasión
que en 2006 le hizo perder su habitual bajo perfil cuando
piloteó en el Rally Gumball un Ferrari rojo 360 con el
logo "Venezuela ahora es de todos".
Según fuentes uruguayas, la cercanía retratada
de Antonini y Yánez se debía a un asesoramiento,
del empresario al gobernador, para la adquisición de
unidades habitacionales. Pero el mismo Yánez desmintió
tal versión en rueda de prensa, arguyendo que la foto,
si bien verídica pero con más personas incluidas
en el verdadero encuadre, fue tomada durante una cumbre energética
a la que ambos habrían asistido. Cojedes, es un estado
llanero pero Yánez habría asistido en su carácter
de internacionalista y representante de los gobernadores latinoamericanos.
Yánez desmintió, asimismo, cualquier relación
comercial entre Cojedes y Antonini.
Sin embargo, algunos documentos vinculan a Franklin Deivis
Durán Guerrero, directivo de Venoco y su partner en el
rally y Johnny Yánez Rangel, con negocios realizados
en 2002 y 2003 (según registros disponibles). Esas compraventas
de armas fueron realizadas para la policía de Cojedes
y estuvieron llenas de irregularidades que fueron denunciadas,
en su oportunidad, ante la Fiscalía por el entonces diputado
del Estado Vargas, Pedro Castillo, y por Manuel Carpio, coronel
retirado de la Guardia Nacional y ex director de Investigaciones
Penales, sin que se conozcan los resultados de alguna investigación
al respecto.
Al realizar las primeras importaciones de armas para la gobernación
de Cojedes, Ruibal & Durán era una empresa inscrita
como constructora. Sus oficinas se encuentran en el Centro
Comercial Ciudad Tamanaco. Un mes después, en febrero,
en una asamblea general extraordinaria constituida por los
únicos dos accionistas de la empresa, los hermanos Pedro
y Franklin Durán decidieron "ampliar el objeto de la
sociedad", como dejaron constancia en acta. Posteriormente,
se inscribieron en la dirección de Armamento de la Fuerza
Armada, Darfa, con la que ya habían tenido contacto previo
y de la que habían obtenido los permisos para legalizar
el lote de armas que ingresó al país. Incluso, lograron
autorización para comercializar pistolas adquiridas,
presuntamente, para la gobernación llanera.
Esas importaciones -de subametralladoras Uzi y pistolas de
guerra- fueron realizadas con intermediación de la empresa
Armor Holding, con oficina en Jacksonville, Estados Unidos,
que ha sido vinculada por la prensa argentina con Antonini
y con los Durán.
Ametralladoras sin control
Ya era gobernador Johnny Yánez cuando Cojedes solicitó
a Israel la venta de 115 subametralladoras miniuzi y microuzi,
a través de Ruibal & Durán. Ese Durán es
por Franklin Durán Guerrero, quien aparece en el documento
de registro como gerente técnico de la empresa y quien
hoy es socio y directivo de Venoco y compañero de pista
de Antonini, y por su hermano, Pedro José Durán,
gerente administrativo de Ruibal & Durán según
el registro mercantil. Ambos son venezolanos con cédulas
que comienzan por siete y por dos, respectivamente.
La importación de Uzi por parte de una constructora
es sólo el principio de una serie de características
al menos extrañas en este negocio. Dado su alto poder,
debieron ser certificadas por la dirección de Seguridad
y Defensa de Cojedes. Aquí se registra otro punto anómalo:
según los documentos enviados a Israel, Cojedes solicitó
115 subametralladoras y son las que se envían a Venezuela
según la guía aérea sellada en Tel Aviv. Sin
embargo, aquí sólo se declaran 60, estampando una
aclaratoria en la factura.
Las irregularidades continuaron: según los agentes aduanales
israelíes efectivamente se embarcaron 115 subametralladoras
con un peso de 412 kilos. Ese mismo peso se reflejó en
todas las guías aéreas que se redactaron en Caracas,
desde el día que la mercancía llegó (el 14
de febrero de 2002) y durante todo el tiempo que permaneció
dentro de la aduana de Maiquetía. Pero el armamento es
trasladado a un almacén in-bond, que se supone funciona
como un apéndice de la aduana. Ya de por sí eso
constituye una violación al artículo 80 de la ley
de Aduanas, pues ese tipo de mercancía, de alto riesgo,
no debe sustraerse sin control previo. Lo peor no es ese traslado
irregular sino que al salir el Seniat expide una guía
de traslado que especifica que la mercancía pesa 412
kilos (los mismos que partieron de Tel Aviv) y al llegar al
almacén número 16 ubicado en el barrio Montesano
cerca de Maiquetía y perteneciente a la empresa American
Pax Services, el peso se redujo a 275 kilos.
La extraña historia de las subametralladoras importadas
por Ruibal & Durán para Cojedes continúa con
un hecho aún más insólito. En marzo descubren
que "el hampa común" se está robando el armamento.
Al almacén, supuestamente, sólo habían entrado
85 subametralladoras (en vez de las 115 que envió Israel)
y "el hampa" ya se había llevado doce. En total, entre
los robos y el raro adelgazamiento de la mercancía, desaparecieron
38 subametralladoras.
Ruibal & Durán aparece de nuevo en otro insólito
caso, pero esta vez con pistolas. También desaparecen
y terminan parcialmente en manos de supuestos ladrones comunes
después de ser trasladadas, a pesar de la oposición
de la dirección de aduana, al mismo almacén in bond
de Montesano.
Ocurrió unos meses después del episodio de las
uzi. El 26 de julio de 2002 ingresaron al país 1.200
pistolas semiautomáticas croatas, calibre 9 mm y capaces
de disparar ráfagas de 19 tiros seguidos. El comprador
es el mismo gobierno de Cojedes, y el intermediario Ruibal
& Durán. Las 1.200 pistolas, que debían ser
trasladadas directamente a Cojedes por tratarse de una compra
gubernamental de armas de guerra, se llevaron al almacén
de Montesano. Eran 60 bultos. Al día siguiente, la gobernación
retira 30 bultos. Durante los siguientes cinco meses, comienza
la desaparición por goteo del resto: el 2 de agosto se
llevan tres cajas; el 29 de ese mismo mes, tres más;
el 30 de septiembre, siete y el 11 de diciembre, dos. Los
quince bultos restantes fueron víctimas de un supuesto
grupo de delincuentes que se llevó 13 cajas. Las últimas
dos quedaron tiradas dentro del almacén y fueron retiradas,
una semana más tarde, por Pedro Durán.
En una tercera operación comercial, Armor Holding volvió
a vender a la gobernación de Cojedes, con intermediación
de Ruibal & Durán, 10 mil unidades de gases lacrimógenos,
que partieron desde Miami en febrero de 2002, con permiso
escrito del Departamento de Estado para Asuntos Militares.
Pese a las solicitudes de Castillo y Carpio, sólo la
Fiscalía de Vargas realizó una inspección,
en marzo de 2002, al almacén que recibió el armamento.
Allí quedaron las investigaciones. Por su parte, en 2004,
Antonini constituyó una empresa venezolana denominada
Defensa y Tecnología 122518 y destinada a la compra y
venta de armamento. Con esta jugada, el "soldado" Antonini
demostró que, además de saber de petróleo y
quizás de viviendas, manejar bólidos y llevar hasta
Argentina y como equipaje de mano 800 mil dólares en
efectivo, también sabe del difícil negocio de la
compra y venta de armas.