La metodología de trabajo empleada en esta investigación
parte de un concepto central: es algo vivencial. La persona
que recoge el testimonio del delincuente también habita
en el barrio, conoce sus códigos y en alguna medida ha
tenido contacto previo con el narrador.
En el sentido estricto, es todo lo contrario a esa máxima
de la investigación clásica que indica que se debe
permanecer sin mayor conexión con el sujeto de estudio.
Así han sido todos los proyectos emprendidos por el
Centro de Investigaciones Populares constituido hace veinte
años y motorizado desde entonces por ese empeño
de Alejandro Moreno y su gente por entender el universo de
lo popular en Venezuela.
Un empeño que, por cierto, tiene "al cura Moreno" radicado
-con una familia humilde- desde hace 30 años en una zona
de Petare.
"Me he dedicado a estudiar la forma en que la gente vive.
Y me refiero a vivir en el sentido total del término:
cómo concibe la vida, cómo se sitúa, incluso
inconscientemente".
El Centro ha logrado publicar, entre otros, dos estudios
sobre el hombre y la mujer popular venezolanos, ambos basados
en historias de vida. Ahora con Y salimos a matar gente,
van a lo particular: a descifrar al delincuente a partir de
sus propias palabras.
Y estos son algunos de los rasgos: vivirse como violentos,
no asumir responsabilidad por sus actos, afirmar su yo sobre
y contra todo límite, lenguaje centrado en el yo, búsqueda
de dominio y protagonismo, incapacidad para ponerse en el
lugar del otro; violencia primero padecida, luego ejercida;
el poder por encima de todo; no aceptar ningún "sometimiento".
Hay mucho más en esas páginas.
ommedina@eluniversal.com