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Máquinas dudosas

Un 25% de irregularidades en el referendo revocatorio, comprobadas estadísticamente, demuestran que las elecciones electrónicas tienen fallas. Oposición y observadores deben ponerse al día. Por Isabel García Nevett

El referendo de 2004 sirvió como referencia para comprobar las debilidades inherentes en los procesos de votación electrónicos (NICOLA ROCCO)
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  DIARIO
domingo 18 de marzo de 2007  12:00 AM

El referendo revocatorio vuelve a ser noticia, a tres años de su realización, gracias a la publicación en la Revista Internacional de Estadística (International Statistical Review-ISR, por sus siglas en inglés) de un trabajo titulado "Un enfoque estadístico para evaluar resultados de procesos referendarios: el referendo revocatorio venezolano de 2004", que analiza el resultado de referendos estadísticamente y utiliza como referencia a Venezuela. Más allá de gritar fraude, aunque aseguran que hubo grandes irregularidades en los resultados oficiales, los autores quieren ahora llamar la atención sobre la importancia de ponerse al día en cuanto al aspecto tecnológico de los procesos electorales electrónicos.

Para María Mercedes Febres Cordero, especialista en Matemáticas y coautora del estudio, tanto la oposición venezolana como los observadores internacionales han cometido hasta ahora un error monumental: no se han preparado técnicamente para el cambio que significan las elecciones electrónicas. "Los observadores tradicionales por sí solos ya no sirven. Sólo evalúan si hay libertad de prensa, si están funcionando los centros, entre otras cosas que son también importantes, pero no tienen la pericia para el otro tipo de auditoría que es ahora necesaria", asegura Febres Cordero.

Elecciones del futuro, hoy
Las elecciones electrónicas son un fenómeno muy nuevo en el ámbito global. Según Febres Cordero sólo una docena de países realiza elecciones de este tipo, lo que ha llevado a un vacío en cuanto a los conocimientos necesarios para garantizar un proceso limpio y justo. "Los procesos democráticos son ahora legitimados por infoelecciones o procesos electorales asociados a la tecnología de la informática, que pueden ser altamente vulnerables. El problema es que no hay ciudadanos, tanto dentro como fuera del país, que verdaderamente asuman las nuevas responsabilidades y, aunque el estamento político ha tratado de que se monitoreen las elecciones, no es posible tener elecciones limpias con un sistema basado en procesos electrónicos donde no se tiene ningún control".

Febres Cordero insiste en la necesidad de actualizar el proceso de observación, añadiendo una misión técnica a la llamada observación política.

Mientras que los observadores políticos contribuyen a promover procesos electorales democráticos y transparentes, colaboran con la resolución de conflictos entre los actores políticos, y velan por la libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos, la misión técnica se encargaría de promover la transparencia del proceso electoral electrónico, participar en las auditorías técnicas de acuerdo a su especialización, fortalecer los mecanismos de seguridad de la información procesada y auditar con confianza estadística los resultados. Para esta misión técnica sería necesario un contingente de especialistas dedicados a la materia (ver despiece).

De acuerdo a la visión de Febres Cordero, al introducir el aspecto técnico en la observación electoral se evitarían varios posibles problemas, incluyendo la manipulación (alámbrica o inalámbrica) de los votos y actas electorales, la introducción de votos virtuales y la inferencia de agentes intermedios entre los centros de votación y la sala de totalización.

"Mi planteamiento no es ni siquiera que haya sido el gobierno el que manipuló los resultados, eso no importa, sino que el sistema es altamente vulnerable. La manipulación puede ser realizada por gente intermedia. No tiene ni siquiera que estar en Venezuela, lo único que necesita es tener acceso a las claves de comunicación. Esto no es sólo en Venezuela, sino en cualquier parte del mundo donde se realicen elecciones electrónicas".

Las desventajas de este tipo de elecciones implican un riesgo muy grande, explica Febres Cordero. Al usar una plataforma electrónica se necesitan "claves" para la comunicación entre las máquinas electorales y el centro de totalizaci´on, las cuales pueden ser filtradas para habilitar cualquier tipo de interferencia y la manipulación de los resultados por parte de terceros. Así mismo, se puede introducir en minutos un sesgo electoral de millones de votos y se hace más difícil la auditoría del proceso. En un proceso electoral electrónico se elimina el rol ciudadano de los testigos electorales.

A pesar de estas desventajas, Febres Cordero asegura que hay algunos beneficios al realizar este tipo de elecciones: simplicidad en el proceso, rapidez en el conocimiento de los resultados y menor posibilidad de error en la totalización.

Falla comprobada
Para Febres Cordero, las fallas en el sistema electoral electrónico van más allá de una simple especulación. En el trabajo que realizó junto a Bernardo Márquez, Febres Cordero pone en evidencia las irregularidades que se dieron durante el referendo revocatorio. "Nosotros lo que hicimos fue analizar a todo el país, todas las parroquias, todos los centros electorales, y todas las actas de votación completas. Los casi diez millones de votos. Después dividimos los centros electorales en tres grupos: coherentes, de coherencia intermedia y no cohe- rentes".

Los centros calificados como coherentes son aquellos cuyas actas representan el comportamiento del centro en general. "En un centro que tiene 3 máquinas de votación, por ejemplo, y una de las opciones obtuvo el 56 por ciento, se esperaría que cada una de las maquinitas tuviera un resultado muy cercano al resultado promedio del centro; es decir entre 57, 56, 55 por ciento, explica Febres Cordero. En un centro de coherencia intermedia, las actas saltan más alrededor del resultado final que arrojó el centro y, en los centros no coherentes, el promedio de las actas difiere de manera marcada del resultado promedio que se haya dado en ese centro; (es decir, si el resultado promedio fue 33 por ciento para una opción, las actas pueden saltar de 70 por ciento a 15 por ciento entre sí según la opción ganadora).

En los centros electorales esta variación es representativa porque la asignación a las máquinas se hace de manera aleatoria, usando el número de cédula, y no según la preferencia política, de modo que es estadísticamente improbable que el resultado de las actas se desvíe demasiado del promedio general del centro.

De acuerdo al estudio realizado por Febres Cordero y Márquez, el porcentaje de centros coherentes fue de 20 por ciento, mientras que los centros no coherentes forman 25 por ciento del total. El resto de los centros mostró una tendencia de incoherencia intermedia. En estas cifras se apoyan los dos estadísticos para dar su veredicto final: "Las irregularidades detectadas fueron observadas consistentemente en numerosos centros de votación y la magnitud de las irregularidades implica que los resultados oficiales no reflejan la intención de los electores con seguridad estadística". En dos platos: los resultados oficiales del referendo revocatorio no son confiables.

Febres Cordero y Márquez tomaron entonces el porcentaje de votos regulares y sacaron una nueva cuenta, según la cual la opción del Sí obtenía entre el 52 y 56 por ciento de los votos. "Ningún estudio de mercado usa el 20 por ciento de la población, ninguna encuesta. Sólo usan el 2 o 3 por ciento. O sea, este es un grupo completamente significativo de votos coherentes y ahí si te da que la opción del "Sí" ganaba con 56 por ciento", asegura Febres Cordero.

Sin embargo, las irregularidades permitieron presentar un resultado distinto, dice Febres Cordero: "Cuando se hace la gráfica de cómo se relaciona el nivel de coherencia, usando el estudio que estamos proponiendo, vemos que a medida que aumenta la incoherencia, la opción del Sí baja y eso no puede ser aleatorio."

Un estudio serio
El estudio de Febres Cordero y Márquez fue publicado en la revista ISR, el brazo informativo del reconocido Instituto Internacional de Estadística, establecido en 1885 con sede en Holanda. Este instituto tiene estatus consultivo tanto en el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (Ecosoc) como en la Unesco. Para publicar un artículo en dicha revista, los autores deben presentar su análisis estadístico y éste es revisado por al menos cuatro especialistas del instituto. Los autores no tienen conocimiento de quiénes son las personas encargadas de revisar su trabajo. Después de la revisión, que puede tomar hasta un año, se publica el artículo en la revista. En el caso del trabajo de Febres Cordero y Márquez, la revisión tomó un poco más de seis meses.

igarcia@eluniversal.com

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