GIULIANA CHIAPPE
EL UNIVERSAL
La diplomacia venezolana, la de ahora, sufre de espasmos
periódicos provocados por las súbitas decisiones
que se imponen desde el Gobierno. Sin embargo, las directrices
de la política exterior no son del todo epilépticas:
cuentan con tres ejes, cinco estrategias que ayudan a sostener
esos ejes y un único objetivo realmente primordial: la
permanencia del Presidente Hugo Chávez en el poder.
Lourdes Molinos, embajadora con 28 años de ejercicio
y analista internacional, preparó un exhaustivo estudio
sobre las características de la geopolítica de
la V República, como parte del proyecto Autocomprensión
Venezuela, de la ONG Liderazgo y Visión.
Molinos explica que el primer objetivo de la política
exterior revolucionaria es la permanencia de Hugo Chávez.
Las decisiones dependen del proyecto político. Tal
premisa quedó asentada y explicada en el Nuevo Mapa
Estratégico que el Presidente presentó en Fuerte
Tiuna en el mes de noviembre de 2004.
Es tan férrea esta prioridad que Molinos considera
que si el Presidente percibe que "el proyecto bolivariano
tambalea su permanencia en el poder, sacrificará
el proyecto. Porque lo primero es quedarse". Sobre esa
base se erigieron los ejes que hoy soportan la sui géneris
diplomacia revolucionaria.
Los ejes de la carreta exterior
La revolución mantiene un trío de ejes geopolíticos:
el anticapitalismo, el antinorteamericanismo y la
expansión del proyecto.
El primero de ellos, según Molinos, se sustenta
en la negación del capitalismo por basarse
en la competitividad y no en la solidaridad. Se
rechaza para ser sustituido por el socialismo
del siglo XXI.
El antiamericanismo es reforzado a través
de varios frentes, como el lobby contratado
que le ha permitido ingresar en amplios sectores
sociales norteamericanos. La retórica es
conocida: ataques verbales y amenazas directas
a George Bush. Sin embargo, advierte la analista,
esto sólo demuestra "ambivalencia" pues,
pese al ardiente verbo, continúan las relaciones
comerciales de tal manera que el volumen de
intercambio creció 35% en 2005. "Por eso
es muy poco factible que cumpla las amenazas.
Se quedaría sin sustento".
La integración, y sus conflictos también
forman parte de este eje. Los ataques al ALCA
se deben a que, en la concepción revolucionaria,
toda integración comercial debe pasar
primero por una integración política.
Como no es ésta la posición del
resto de los países, los ataques de Hugo
Chávez al ALCA podrían neutralizarse
"si la geopolítica de Estados Unidos
fuera más audaz y le presentara a Brasil
una agenda comercial favorable, incorporando
a este líder y aliado de Venezuela al
grupo comercial". El tercer eje es la expansión
del proyecto revolucionario. Molinos explica
que, al igual que hace en Venezuela, "Chávez
usa descontentos sociales, expectativas insatisfechas
y desigualdades como muletillas para propulsar
su proyecto político, orientado a un
mundo multipolar a partir de un bloque de
países suramericanos, separados en lo
político, económico y militar de
Estados Unidos, al cual se unan Africa y Asia".
Osadas estrategias
La multipolaridad es una de las grandes estrategias del
régimen. Hugo Chávez ha difundido
una división inconsulta del mundo,
repartido en cinco ejes de poder: Europa,
Africa, Asia (excepto aquellos países
exitosos por el capitalismo, a los que
obvia completamente), Norteamérica
y Suramérica. "Esa es una calificación
ideológica. La división obedece
al grado de apoyo que se ofrece a su proyecto",
opina.
Su segunda gran estrategia son las
alianzas y solidaridades con diversos
países, también según
el grado de adhesión que demuestren.
La primera es con Cuba, con la que ha
logrado una simbiosis estable pues le
ofrece oxígeno económico a
cambio de protección al régimen.
Sin embargo, el resto de las alianzas
no están tan consolidadas pues
se sustentan en generosos aportes por
parte de Venezuela. También son
frágiles y podrían fracturarse
ante posibles disyuntivas internacionales,
como el apoyo venezolano al plan nuclear
iraní.
La tercera estrategia es el fomento
de una democracia paralela, con la
articulación de minoritarios
grupos y actores sociales en el exterior,
a los que propulsa y financia, como
indigenistas, antiglobalizadores y
similares para crear resistencias.
Las últimas dos estrategias
se relacionan con el área comunicacional
y de asesoría. En este último
punto ha contratado a intelectuales
de izquierda que han reeditado los
viejos conceptos socialistas y le
han aportado un grado de legitimidad
en el exterior. El papel de los
medios de comunicación está
identificado en el Nuevo Mapa Estratégico
de la revolución. La intención
es la de reproducir al mundo, los
supuestos logros alcanzados en el
ámbito venezolano.
gchiappe@eluniversal.com