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Caracas, miércoles 25 de enero, 2006  
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Alberto Arteaga Sánchez // El mundo de los perros

NUNCA PENSE encontrarme en el mundo de los perros, en el cual sólo entran los afectos y la fidelidad sin condiciones. Ello ocurrió cuando a nuestra hija le regalaron una hermosa Cocker Spaniel, "Demi", que terminó encomendada a nuestro cuidado y dedicación, formando parte de la familia.

Así entré en el mundo de esos hermosos animales, cuya cola en movimiento no puede comprar todo el dinero del mundo, como dijo Wheeler.

MIS RELACIONES FAMILIARES, el trato con mis amigos y colegas de trabajo se amplió hacia ella y sus relacionados: su dedicado y competente médico, Otto Alvarado; sus compañeros de paseo y vecinos del parque, Guaro, Kaiser, Tita, Tomás y tantos otros; sus alegrías ante un juguete nuevo o una maleta sin abrir; un ambiente insospechado con satisfacciones, gratas compensaciones y un afecto sin límites que nos ofrece la oportunidad para dar sin recibir nada a cambio.

Tener un perro, acariciarlo, velar por él y sentir su cariño es una experiencia que contribuye a una vida mejor. Con razón decía Gandhi que "la grandeza de una nación y su progreso moral, puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tra tados".

Sin duda, el amor a los animales, criaturas de Dios, indefensos ante la agresión del hombre, reivindica la condición de seres humanos.

En lo personal he aprendido con mi pequeña perra, he asimilado su lenguaje y sus expresiones; me he asomado a su mundo; he compartido sus alegrías y me he preocupado por sus limitaciones, carencias y enferme dades.

TENER UN PERRO es tener a un compañero fiel que nos introduce en su ambiente y nos permite quererlo ejercitándonos en el afecto y en el desprendimiento.

Muchas veces, por lo demás, he observado la preocupación por enseñar a los perros a que parezcan más humanos, cuando, en realidad, lo que deberíamos hacer, como dijo Hoagland, es abrirnos a la posibilidad de ser más perros.

¡Bienaventurados los perros, porque son perros! Con sus atributos de fidelidad y sus demostraciones de afecto. Son los humanos, que no han tenido animales, los que denigran de los perros, atribuyéndoles condiciones que sólo nos corresponden. Tener cara de perro o comportarse como un perro, no tiene nada que ver con la conducta de uno de estos animales, expresiones de lo hermoso de la creación, afeado por la acción del hombre.

No abrigo la menor duda de que el cariño y la cercanía de un animal puede constituirse en la mejor escuela para un niño. Para mí, la compañía de Demi ha sido una hermosa e invalorable experiencia que, inclusive, con flores de Bach, hizo posible superar la incompatibilidad de caracteres que en algún momento tuvo ella con mi esposa.

COMO ESCRIBIO mi amigo Hernando Grisanti, al hablar de los perros: "Si el tema te parece trivial, lector, vuelve la hoja. Peor para ti. Porque, en verdad, no son cosas de poca monta la fidelidad, la ternura y la inteligencia. Tal parece que el hombre nunca aprenderá la cotidiana lección de nobleza y lealtad que, sin palabras, le dictan estos lanudos catedráticos de ternura".

Finalmente, para no dejar de lado el aspecto penal, cabe señalar que el Código Penal, en su artículo 537, castiga con multa hasta por cien unidades tributarias a quien cometa crueldades con los animales, los someta a trabajos excesivos o, con un fin científico o didáctico, fuera de los lugares destinados al estudio o enseñanza, experimente con ellos de modo que cause disgusto a las personas presentes.

arteagasanchez@cantv.net

 

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