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"La norma omite la radiotelevisión del sector público"

El investigador de la comunicación Antonio Pasquali considera que la principal diferencia entre el proyecto Ratelve _que abogaba por la creación de una televisión de servicio público_ y la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión, es el abismo que existe entre una democracia y una dictadura.

_¿En qué se diferencia la llamada Ley de Contenido que está por ser aprobada al proyecto que el equipo que usted encabezaba redactó décadas atrás?

_Permítame recordar que hubo un Proyecto Ratelve en 1974, elaborado por un muy democrático y plural comité, que sugería dar coherencia al plexo cultura/comunicación y racionalizar el sector radiotelevisivo incorporando al panorama mediático un servicio público no gubernamental, y un proyecto de Ley Orgánica de la Radiotelevisión sometido al Congreso en 1995 por el Comité por una radiotelevisión de servicio público que contemplaba la creación de una autoridad independiente de la radiotelevisión, paralela a Conatel, que administraría las frecuencias radioeléctricas y crearía un servicio público de radiotelevisión totalmente desgubernamentalizado. Los dos documentos proponían pues, lo mismo, con niveles diferentes de concreción: crear un tercer polo radiotelevisivo que no dependiera ni del mercado ni de Miraflores. Las diferencias entre nuestros dos proyectos y la Ley reguladora de contenidos del actual régimen, déjeme decirlo con cierto orgullo, van de la democracia a la dictadura. Tan es así, que el proyecto chavista ni siquiera menciona la radiotelevisión del sector público, ni limita los actuales abusos de posición dominante de Chávez, quien hace uso de micrófonos y cámaras a un escalofriante promedio de 38 minutos diarios.

_¿Por qué usted cree que cayó el silencio sobre ambos proyectos?

_Porque en el país regía una especie de pacto no escrito entre medios y gobiernos para no molestarse mutuamente, y el usuario, allá él. Nuestra propuesta no gustaba finalmente ni a unos ni a otros porque acabaría con poderosos hábitos e intereses creados de lado y lado. Hoy, tras el trauma de la doble pantalla del 11 y 12 de abril, muchos venezolanos han comprendido que allí, en cada mitad de imagen, se enfrentaron dos locomotoras, cada una con sus propios intereses, que no tomaban en cuenta a los ciudadanos.

El país sería otro si ese mismo día un servicio radiotelevisivo absolutamente independiente hubiese informado a la gente de lo que realmente sucedía, de lo que ocurría en realidad. Mi inconmovible convicción de que Venezuela necesita un tercer protagonista en radiotelevisión _y lo subrayo por enésima vez_ no implica en absoluto que la radiotelevisión privada deba siquiera minimizarse; sin ella tampoco habría democracia, gústenos o no el uso que ella hace de su propia libertad. Se lo dice quien lleva cuarenta años criticando la telebasura, luchando contra adecos, copeyanos y chavistas para dignificar nuestros miserables servicios públicos, y quien es autor de la sentencia "la comunicación es libre y plural" que hoy figura en la Constitución.

_Pero el chavismo se ufana de hacer todo lo contrario a lo que hacían los partidos tradicionales.

_Sí, pero el chavismo defraudó las esperanzas de modernidad más que ningún otro gobierno. Podía pensarse que el chavismo liberaría las concesiones radiales, refrenadas por los amos del valle, para que hubiera una explosión de libre comunicación, pero inventó una radio comunitaria de régimen. En la época del gobierno interino luchamos en vano para que no se aprobase la nefasta Ley Orgánica de Telecomunicaciones, madre del monstruo actual; Chávez había ordenado aprobarla tal cual para granjearse simpatías electorales. Aun antes del chavismo, habíamos denunciado la írrita cesión del Canal 5 a privados y exigido fuese restituida a la nación; el cobarde chavismo fue incapaz de recuperarlo. Nunca en su respectiva historia, Radio Nacional y el Canal 8 habían llegado a los actuales niveles de abyección y talibanismo ideológico.

sdiaz@eluniversal.com

 



 
 
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